Soltando la mano de los moribundos,
dejando milagros inconclusos y niños sin su guarda,
los ángeles huirán en parvada de la tierra,
igual que las ratas escapan del naufragio.
Algunos piensan en un suelo que se abre tragándoselo todo,
o en el recurso del meteorito o el diluvio.
Pero a Él no le interesan los clichés del cine y de la Biblia,
ni derrochar efectos especiales para una conciencia en extinción.
La humanidad no es más que una larguísima fila de fichas blanquinegras,
producto del rato-eternidad de ocio de Dios.
Basta empujar ligeramente la primera…
Y, para que toda esperanza de supervivencia se evapore,
basta con darse cuenta que uno mismo, estando en el papel del increado,
no resistiría tal tentación .
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