Debí haberte pedido que te fueras
que gastaras la vida recorriendo otra espalda
Y curtieras tu piel con otro aliento
Debí morderme un labio hasta sangrarlo
Para no gritarte que regresaras y me dejaras enjaularte
romper los cristales de azúcar en tus venas
y sustituir por sangre la magia de tu agenda
Huracanar los mares de tus ojos,
Hasta desencarnarlos.
Aquí,
el tiempo se infesta de llagas que me arden.
Son las miradas de mis otras muñecas
el recuerdo vidrioso de la súplica queda,
mientras les arrancaba el pelo y el vestido
las uñas y las piernas.
Hasta no quedar nada.
Y esta niña mimada, con las manos vacías
atrajo más muñecas con su llanto
Mas lindas, mas amables
pero ninguna tuvo corazón,
y ninguna pudo salvarme ni salvarse.
Aun así conservé de todas un recuerdo;
las pestañas de esta, las enaguas de aquella
los listones de una,
las mejillas sonrojadas de muchas.
Y alguna sonrisa que resistiera la masacre.
Tú, descubriste los fragmentos ocultos
y los uniste a lágrima y saliva.
Eso que se formó tiene mi rostro
que se quedó indefenso entre tus manos.

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