Quererte es un dolor que llama a mi puerta cada día
un dolor que más que de corazón es de rodillas.
Es un hospital de horas desahuciadas
Es una luz que flota donde estuvieron antes tus pupilas
Es el último grito de una moda de la que no me escapo;
el “must” de la temporada de llovizna.
Quererte es arañar quedito la puerta en que te has ido
con una sonrisa tan sincera
como ese algo de mi que debo recoger del piso por pedazos.
Es el tatuaje que me marca y exilia
en mi tierra natal de complacencia.
Quererte es punto muerto con toda la fuerza del vuelo y la caída.
Es abrazarte para encontrar tan sólo mis costados
o una pregunta mintiéndose a sí misma.
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