Que ganas de fugarme donde la luz no te proyecte sombra
De dejar de prepararle cafés a tu fantasma
Que no desiste de sus secuestros espontáneos
De no buscarle testamentos al asunto
Y dejar de pelearme con la almohada
Que insiste en quejarse de la lluvia
Que ganas de borrar las casualidades de tu nombre
De cada conversación, de cada libro
Y decretar que prohíban “esa” canción
De terminar de aventarle las ganas al perchero
Cada que me visto para acabar de desnudarme
Y reparar el espejo que nunca se termina de romper
¿Que ganas dejándome con ganas,
De convencerme a mi misma en las esquinas
Que no tienes pensado buscarme en otro cuento?
De enterrarme con las uñas en cualquier espalda
Sin que el corazón grite, a viva voz;
Que no es la tuya…
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